La Voz de Almería

El cura de la iglesia del Barrio Alto

Don Manuel Sánchez Segovia fuera el cura de los pobres y el promotor de la nueva iglesia

 

Interior de la iglesia de San José, en el antiguo Camino de los Depósitos. Construida con las aportaciones, céntimo a céntimo, de los vecinos, Fue bendecida en abril de 1903.
Interior de la iglesia de San José, en el antiguo Camino de los Depósitos, construida con las aportaciones, céntimo a céntimo, de los vecinos, Fue bendecida en abril de 1903.

 

En la historia reciente de la parroquia de San José está escrito, con letras mayúsculas, el nombre del sacerdote don Manuel Sánchez Segovia, que desde mediados de los años cincuenta contribuyó a la modernización de la iglesia y fomentó la vinculación entre la parroquia y las clases más deprimidas, que entonces eran mayoría en el Barrio Alto y su entorno. Había nacido en el pueblo de María en 1929 y se había forjado como sacerdote en el seminario de San Indalecio. Su primera experiencia al frente de una parroquia fue con poco más de veinte años, cuando estuvo destinado en la barriada de Contador, en Chirivel. Fue una experiencia corta, de apenas doce meses, pero fecunda, ya que le sirvió para tomar conciencia de las duras condiciones de vida de la época. De aquellos comienzos, todavía recuerda con una sonrisa entre los labios la cara del cartero que todos los meses le entregaba en mano la nómina y el comentario que le hizo al descubrirla: “¿Qué poco cobran los curas?”, le dijo. Así era, un cura joven de pueblo apenas ganaba para sobrevivir en los primeros años cincuenta y salía adelante gracias a la generosidad de los vecinos que procuraban tenerlo bien abastecido. Un sacerdote no se hacía rico en un  pueblo, pero era una autoridad en aquel tiempo, tan importante como el alcalde o el sargento del puesto de la Guardia Civil.
El primer destino en la capital fue como coadjutor de Santiago hasta que en 1955 llegó a la parroquia de San José. En aquellos años todavía estaba en pie el viejo templo que había empezado a funcionar en 1903, pero que año tras año se iba quedando pequeño para recibir a una feligresía tan extensa como era la del Barrio Alto y su amplio entorno. La construcción en aquel tiempo de una nueva barriada, la de las Casitas de Papel, había acentuado la necesidad de contar con una iglesia más grande que además de su labor religiosa pudiera desarrollar una acción social fuera de las paredes del templo. Esa fue la gran obsesión de  don Manuel Sánchez Segovia desde que pisó por primera vez la parroquia de San José, extender su influencia a la calle, llegar hasta los más humildes y echarles una mano.
En esos primeros años de labor apostólica tuvo que casar a muchas parejas que se habían juntado durante la Guerra Civil y necesitaban sellar el sacramento del matrimonio tal y como estaba establecido. Muchos de aquellos casamientos tardíos se tuvieron que realizar a las seis de la mañana, ya que los contrayentes preferían hacerlo en el anonimato para que nadie supiera que no estaban casados por la Iglesia.
Desde su llegada a la parroquia, don Manuel se empeñó en ser un amigo para los fieles, además de un sacerdote. Tenía una frase que procuraba cumplir a rajatabla: “Al cura se le puede perdonar hasta un pecado, pero nunca el mal carácter ni el amor al dinero”.
En ese afán por crecer, el nuevo párroco se marcó como objetivo la construcción de un templo moderno y la puesta en marcha de un centro social, que en apenas dos años se hizo realidad con dos escuelas, un pequeño dispensario donde ponían las inyecciones y un salón de actos que se convirtió en lugar de reunión. En los años sesenta, cuando la televisión empezaba a llegar con cuenta gotas a las casas, don Manuel Sánchez Segovia tuvo el atrevimiento de comprar la tele más grande que había en las tiendas y colocarla en el escenario para que todos sus parroquianos la pudieran disfrutar.

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