La Voz de Almería

Almería y la bandera andaluza

El 28 de febrero de 1977 la Diputación aprobó el uso de la bandera blanca y verde

 

Un grupo  de militantes del Partido Socialista de Andalucía colgaron la bandera andaluza en las murallas de la torre de la Vela de la Alcazaba. Era el año 1979 y estaba en juego el estatuto de autonomía de la comunidad.
Un grupo de militantes del Partido Socialista de Andalucía colgaron la bandera andaluza en las murallas de la torre de la Vela de la Alcazaba. Era el año 1979 y estaba en juego el estatuto de autonomía de la comunidad.

 

La primera bandera andaluza que vi en Almería la llevaba en el ojal de la chaqueta el dirigente socialista Laudelino Gil. Los niños del barrio, que lo veíamos a diario por las inmediaciones del bar Bahía de Palma, donde iba a tomar café, creíamos que se trataba de un hincha del Betis, una rareza en una ciudad donde la mayoría era del Madrid, del Barcelona y del Athletic de Bilbao.
Después supimos que aquel señor serio, delgado y con un gran bigote no era un forofo del Betis en el exilio, sino un joven soñador que después de terminar la carrera de Filosofía y Letras había dirigido sus pasos hacia las ideas socialistas y era el propulsor en Almería de lo que entonces llamaban el ‘andalucismo’ y que aquí, tan apartados del mundo, no teníamos claro lo que quería decir. Laudelino llevaba la insignia verdiblanca en la chaqueta y nos hablaba en sus discursos de ideas que entonces considerábamos como revolucionarias: la liberación del pueblo andaluz mediante la creación de un poder andaluz donde la bandera fuera el signo de la lucha.

La verdad es  que en Almería no teníamos formada una conciencia de pueblo andaluz; de pueblo sí, porque éramos un poco provincianos todavía, pero lo de andaluz, a muchos de nosotros nos sonaba a un escenario remoto que quedaba allá por el Guadalquivir.
En agosto de 1976, después del asesinato del joven Javier Verdejo, empezamos a conocer de cerca los colores de la  bandera. La vimos agitarse con fuerza en la clandestinidad de las manifestaciones no autorizadas, las que siempre acababan con carreras y detenidos, y la vimos ondeando en los labios del cantante granadino Carlos Cano, que una tarde de domingo, a finales de 1976, apareció en un programa musical de Televisión Española con aquel himno en verde y blanco y con su ‘Murga de los currelantes’. Desde entonces muchos de nosotros empezamos a digerir mejor la bandera y le empezamos a tener estima.

Por los periódicos nos enteramos que un domingo del mes de febrero de 1977 colgaron una bandera andaluza de diez metros en la fachada de la Giralda de Sevilla cuando todavía no había sido autorizada de manera oficial. Unos días después, el que era vicepresidente de la Diputación de Almería, José Fernández Revuelta, nos trajo una noticia de la reunión que los dirigentes de las diputaciones andaluzas habían mantenido en Jaén.  Esa noticia contaba que hasta que los estatutos de la mancomunidad regional de Andalucía no fueran aprobados por el Gobierno, la bandera  blanca y verde carecía de personalidad jurídica, pero que a pesar de ello en dicha reunión se había llegado al acuerdo de que cada presidente y su corporación provincial decidieran si adoptaban la nueva bandera. El señor Revuelta dijo entonces que este tema no preocupaba demasiado en Almería, que había otros más serios que afrontar, pero que no le parecía mal que existiera un símbolo de unidad regional, siempre que para nada empañara la idea de la unidad nacional.
Finalmente, el tema de la  bandera de Andalucía fue incluido en la sesión de la Diputación del lunes 28 de febrero de 1977, donde se aprobó por unanimidad su utilización junto con la enseña nacional en los actos solemnes y festividades. Este respaldo de la institución provincial le abrió las puertas del Ayuntamiento a la bandera verde y blanca. En el Pleno municipal del miércoles seis de abril, siendo alcalde don Rafael Monterreal Alemán, se decidió colocar la bandera de Andalucía junto a la de España en el balcón principal de la casa consistorial. Ese mismo día se descolgó del clavo de la pared del salón de actos el último retrato de Franco y en su lugar se colocó un retrato del Rey pintado al óleo por el artista almeriense Diego Domínguez, redactor y dibujante de La Voz de Almería.
La bandera fue cogiendo fuerza, fue haciéndose popular y empezamos a verla en todos los festivales con tintes políticos que entonces se organizaban en la ciudad y en cada una de las manifestaciones fueran o no autorizadas. Una tarde, allá por el año de 1979, cuando la región estaba batallando por el estatuto de autonomía, una bandera gigantesca con los colores verde y blancos apareció colgada de la muralla de la Alcazaba.

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