La Voz de Almería

Cierra Matilde, el taller de las flores

Fue la primera tienda de complementos hechos a mano que se estableció en Almería

 

Matilde valdés e isabel esquinas  en los años setenta. Se unieron para emprender la aventura de una tienda y taller para elaborar flores de seda para novias. El negocio empezó en 1972 y cerrará este mes de agosto.
Matilde Valdés e Isabel Esquinas en los años setenta. Se unieron para emprender la aventura de una tienda y taller para elaborar flores de seda para novias. El negocio empezó en 1972 y cerrará este mes de agosto.

 

Isabel Esquinas ha sobrevivido en  su pequeño comercio durante cuarenta y seis años. Toda una vida dedicada al arte de las flores hechas a mano de manera artesana. Llegó a la tienda siendo una adolescente, en el año 1972, y se marcha con la jubilación debajo del brazo. Los vecinos la van a echar de menos. Era el único comercio tradicional que quedaba en la calle de San Pedro, un lugar que desde hace treinta años fue tomado por bares y pubes. Allí, frente a la iglesia del Corazón de Jesús, ha ido superando etapas, resistiendo a períodos de crisis, desafiando los temporales a fuerza de un trabajo bien hecho. Se puede decir que la mitad de las novias de Almería han pasado por su taller en las últimas cuatro décadas.

La historia del negocio empezó en 1972, cuando Isabel conoció a Matilde Valdés, una muchacha emprendedora que hacía auténticas obras de arte con el papel y la seda. Isabel trabajaba entonces de modista en el taller de la tienda de Gladys. Eran buenos tiempos para el oficio. Solo el comercio de Gladys tenía en funcionamiento tres talleres dedicados a la confección de ropa. Encontraron un local en un sitio céntrico, muy cerca del Paseo, y en una calle que estaba empezando a crecer de forma vertiginosa. Todavía se mantenía la casa antigua donde había estado instalado el Gobierno Militar, justo al lado del nuevo edificio donde las dos amigas decidieron montar el taller.
Fue su amiga Matilde la que la convenció para iniciar juntas un camino en solitario. Se trataba de explorar un territorio que en aquellos años no tenía antecedentes en la ciudad: la artesanía en la moda de los complementos para novias y trajes de flamencas. Isabel fue aprendiendo la técnica de su compañera y pronto consiguieron que la tienda de Matilde fuera una referencia en Almería. Flores de papel, de seda, ramos de novias y madrinas, adornos para vestidos, detalles para los trajes de gitana, decoraciones de espacios interiores con plantas artificiales, toda una serie de trabajos que le permitieron permanecer durante más de cuatro décadas.
Hubo un tiempo en que casi todas las novias que iban a pasar  por el altar lo hacían antes por la tienda de la calle de San Pedro para rematar sus vestidos. En los años setenta y ochenta, cuando casi todas las parejas se casaban por la Iglesia, el taller de Matilde no dejaba de funcionar durante todo el año. Había meses, sobre todo en primavera, en que el trabajo era tan intenso que se veían obligadas a echar horas extraordinarias los fines de semana. Si las llamaban para arreglar a una novia un domingo unas horas antes de la boda, allí estaban ellas para rematar la faena dándole siempre ese toque personal que las diferenciaba del resto. Tenían como bandera la creatividad, el intentar no repetirse en el trabajo, que no hubiera dos novias iguales tras salir de su taller. En los años noventa, tras el fallecimiento de Matilde Valdés, la tienda continuó su camino bajo la dirección de Isabel Esquinas. Allí ha permanecido durante más de cuarenta años, manteniendo firme el negocio y humanizando con su presencia la vida en la que ya solo reinan los bares de madrugada.

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