La Voz de Almería

Lo que el cine nos podría dejar (o no)

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En El astronauta (Javier Aguirre, 1970), Tony Leblanc aterrizaba en Tabernas creyendo pisar la Luna (como Lennon cuatro años antes). El Séptimo de Caballería lo despertaba de su sueño carpetovetónico: había caído en uno de los westerns que se rodaban en la Almería de entonces. El juego metacinematográfico reflejaba una cierta cotidianidad, cuando (dicen) un figurante podía saltar de un ‘spaghetti’ a un ‘peplum’ como quien cruza la calle.

Casi medio siglo después, y salvando las distancias, algo similar se repite con la confluencia de varios proyectos, internacionales y patrios, humildes y con alma de ‘blockbuster’, para cine y televisión.

Esta noticia, excelente para la economía (los rodajes inciden, por ejemplo, en las pernoctaciones) y la promoción exterior de la provincia, llega tras el reciente anuncio de que Babieka Films (empresa con vínculos personales y sentimentales con Almería y responsable de la producción en España de Exodus y, ahora, de The Rhythm Section) impulsarán junto a otros socios de solvente trayectoria en el sector unos estudios de cine… en Navarra. No tienen nuestro clima pero sí las exenciones del gobierno autonómico y otro magno desierto, el de las Bardenas Reales. Y el mar, a tiro de piedra.

Los estudios de cine (el ‘Moby Dick’ de nuestras administraciones locales, provinciales y regionales, más pendientes de la foto cortoplacista que de una meta real), conseguidos sin hacer ruido y sin enrocarse en debates estériles (¿en qué quedó la Mesa del Cine?). La fórmula de Navarra parece simple: recurrir a los profesionales (y aquí los hay, brillantes, pateándose España en proyectos internacionales como El hombre que mató a Don Quijote, de Terry Gilliam, o luchando para levantar, desde la producción o la dirección, proyectos de todo tipo) para que aporten, propongan y digan qué necesita esta provincia para consolidarse como destino de rodajes (lo de ‘tierra de cine’, con perdón, me parece desgastado de tanto manosearlo). Sus voces merecen ser escuchadas y respetadas, por encima de las de quienes prometen armar barcos que nunca llegarán a puerto. Y no es así, ni siquiera en el principal festival de cine de Almería, que deberían sentir como propio por más ‘internacional’ que sea.

Además de crear industria y de ser un atractivo turístico (la provincia, con un plan articulado, podría ser un ‘parque temático’ sobre el celuloide único en Europa), el cine rodado en Almería nos ha dejado una base sobre la que crear cultura: no es un género en sí mismo pero bajo el paraguas del indalo han rodado Lean y Spielberg, Antonioni y Jarmusch, Leone y De la Iglesia, Lumet y Milius, Gilliam y Audiard, Miró y Martín Cuenca… Cuánto se podría trabajar desde esta premisa. Cuánto se podría hacer por quienes de verdad aman el cine y se encuentran, justamente aquí, en esta tierra, perdidos y ninguneados como el astronauta Leblanc.

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