La Voz de Almería

Cuando Marta encontró a Bill

Marta Murray 00 ok

Hoy es el Día de la Marmota. Sí, otra vez. Como cada 2 de febrero desde hace más de un siglo aunque realmente solo conozcamos esta peculiar tradición local de Punxsutawney, Pensilvania, desde 1993, cuando Bill Murray protagonizó Atrapado en el tiempo y ni él ni nosotros volvimos a ser los mismos. Ni siquiera entonces hicimos nuestra aquella disparatada celebración metereológica (ya saben, la mascota Phil sale de su madriguera y según vea o no su sombra volverá o no a su habitáculo, lo que determinará que el invierno dure, o no, seis semanas más): el estatus de título de culto se generó sufriendo en una cruel moviola con ese desagradable hombre del tiempo y sus desconsolados intentos por romper la dictadura del calendario.

Para celebrar esta efeméride, y como la cosa va de quedarse atascado en algún momento del pasado, quien esto firma recupera del procrastinador cajón de asuntos pendientes esta entrevista inédita con la periodista Marta Jiménez (Córdoba, 1971), autora de Yo, Bill Murray (Bandaàparte), la primera obra escrita en castellano sobre el actor que tiene en su filmografía un título rodado en Almería: Los límites del control, de Jim Jarmusch, que le trajo por estas tierras en marzo de 2008.

Con dos ediciones en el mercado, y ganador en 2017 del Premio Asecan de la crítica andaluza al mejor libro de cineYo, Bill Murray es un título imprescindible -y divertidísimo- para mirar a la azotea de una de las mentes más lúcidas, excéntricas y divertidas de Hollywood. Qué mejor forma de volver a él en un día como hoy (sea el que sea cuando lean esto).

Tu libro sugiere desde su introducción una mirada al interior de la cabeza de Bill Murray, al estilo de lo que hacía John Cusack en Cómo ser John Malkovich. ¿Qué te encuentras cuando escudriñas en la mente de uno de los grandes iconos del cine contemporáneo?
Lo primero que descubro y que me conquista es la gran libertad de la que es dueño Murray. En su carrera y en su vida la libertad personal está por encima de todas las cosas, Hollywood incluido. Y esa actitud vital es la culpable de la autenticidad que Murray desprende tanto dentro como fuera de la pantalla, en donde también es un icono viral en estos tiempos y sin tener una sola red social. Intentar entrar en la mente de Murray es algo de lo más divertido, que, además, te quita complejos de encima y que deja una resaca bastante zen.

Aunque no caes en la hagiografía se nota que te encanta Bill Murray. ¿El libro nace de esa admiración / fascinación o ha sido un proceso de ‘enamoramiento’ mientras investigabas?
Reconozco que el personaje me caía bien, como a casi todo el mundo, pero no era una fan desmedida, ni mucho menos. El libro no esconde su lado oscuro, de peleas con compañeros de rodaje, abuso de drogas y alcohol y algún deshonroso episodio familiar. Tampoco echa flores a una carrera plagada de películas malas y malísimas, en donde hay algunas buenas, otras muy buenas y alguna genial. Dicho esto y tras haber convivido con Murray intensamente casi dos años, he de decir que el tipo me cae aún mejor que antes por su inteligencia, porque sabe vivir la vida y porque, a pesar de la generación a la que pertenece y haber hecho películas gamberras, no se ha convertido en un macho de tomo y lomo. Murray es tan caballero o más que el mismísimo Bob Harris.

En Yo, Bill Murray recopilas un montón de anécdotas sobre el actor, más otras tantas que se habrán quedado en el tintero. ¿Cómo has investigado tanto, cómo te han llegado, cómo las has seleccionado?
Creo que Bill Murray es de las pocas celebrities que existen de las que todo lo que se cuenta de ellas es susceptible de que sea verdad. O no, pero qué más da. Durante el proceso de documentación de este libro leí miles (literal) de anécdotas sobre Murray que circulan por la red, algunas recopiladas en páginas dedicadas ex profeso a locuras murraynianas. Decidí incluir en el libro solo las que estuvieran contrastadas, periodística o audiovisualmente, y dejar en el tintero las que no. Y te aseguro que esa ha sido la decisión más dolorosa. Porque había cada historia de Murray en los Sanfermines…

De todos los personajes que Murray ha sido en la pantalla, ¿con cuál te quedarías atrapada en el tiempo una y otra vez?
Con Bob Harris (Lost in translation), por supuesto. Y en segundo lugar estaría Bunny Breckinridge, la fallida drag de la troupe de Ed Wood.

Para mí, hay tres grandes hitos que forjan al Bill Murray icónico de hoy: Atrapado en el tiempo, Sofía Coppola y Lost in Translation y el encuentro con Wes Anderson y cómo le ha acompañado en toda su trayectoria. ¿Estás de acuerdo? ¿Qué crees que aporta su lado más cómico y desvergonzado de los 80 a estas creaciones?
Pienso que sin el actor cómico no hubiera sido posible que existiera esa segunda era Murray, más indie y libérrima iniciada con Academia Rushmore, de Wes Anderson, a final de los 90. Pero el origen de todo estuvo antes, en la improvisación de sus principios en Chicago, con la compañía Second City, que luego el actor desarrolló a lo grande en el televisivo Saturday Night Live y que ha sido y sigue siendo un sello de identidad de Murray en cada uno de sus trabajos. Pero a su halo de icono hay que sumarle los cameos infinitos en películas cono Zombieland o sus microapariciones en películas de los Farrely.

Tal vez una prefiguración de su cara de nada y del hecho comenzar a interpretar personajes irritantes ya estaba en Atrapado en el tiempo, curiosamente, una película que Murray quiso que fuese más arriesgada y filosófica, y no la comedia romántica que acabó siendo, costándole por ello la amistad con Harold Ramis. En cuanto a los hitos, yo añadiría a Jim Jarmusch. Los papeles de Murray en Flores rotas y Coffee and cigarettes son antológicos.

Sin embargo, también abordas el fracaso de El filo de la navaja y cómo arrambló con sus pretensiones de convertirse en un actor ‘serio’. ¿Cómo influyó esto en su trayectoria posterior?
Que Murray quería que su carrera fuese por otro camino que el de la comedia gamberra, él ya lo tenía claro en los 80. ¿Pero qué ocurrió? Cazafantasmas. Sin duda su película más importante y un icono transgeneracional y transmedia de la época. Murray pudo hacer su versión de la novela de Somerset Maugham porque se comprometió con la Columbia a ser uno de los Ghostbusters. De hecho, tras el éxito de ésta y el fracaso de El filo de la navaja, Murray estuvo cuatro años retirado. Fue padre, se fue a estudiar filosofía a la Sorbona, viajó por Europa, se hinchó de ver cine mudo… Pero hasta diez años después no se le aparecería su genio de la lámpara, Wes Anderson, para cumplir esos deseos de ser un actor más allá de un cómico.

De sus papeles menos conocidos por el público, ¿con cuál te quedas?
Me gusta mucho su papel de compañero de piso de Dustin Hoffman y dramaturgo en Tootsie, otro icono de los 80 en el que nadie se acuerda que está Murray. Y existe un papel que borda en ¿Qué pasa con Bob?, en donde da muchas vueltas de tuerca a sus personajes tarados de los ochenta para dibujar a un tipo con una patología mental. Ni Richard Dreyfuss, su compañero de reparto, pudo soportarlo. Entre los últimos, siento debilidad por su doblaje del oso Baloo en El libro de la selva. Son tal para cual.

Completas el libro con unas cuantas visiones de Murray a cargo de artistas, muchos de ellos andaluces. ¿Por qué decides darle este plus al libro?
Fue idea de mis editores (Bandaàparte) y nunca les agradeceré lo suficiente la idea. Las ilustraciones hacen del libro un objeto maravilloso.

¿Crees que algún día tu libro llegará a manos del actor?
Creo que ya ha visto alguna ilustración, eso me han dicho. Hemos conseguido su teléfono, aunque no me lo creo del todo, y tenemos pensado enviárselo. Si no a Estados Unidos, a la casa de Clooney en el lago Como, donde Murray pasa unos días cada verano. Aunque si te soy sincera, me hace más ilusión que se lo haya leído mi madre a que lo haga Murray. Además, él no tiene ni idea de español.

El libro profundiza también en lo que podríamos llamar filosofía Murray. ¿Puedes resumir su Murray Way of Life en un mandamiento?
Me gusta mucho su mantra de que desear algo con mucha intensidad te hace una persona poco atractiva. Así que hazle caso al tío Bill: no te obsesiones y fluye. Encima, lo pasarás mejor.

La foto de la autora que abre este artículo es obra de Óscar Romero.


Apéndice: Bill Murray en Almería
Aunque suene sorprendente, Bill Murray pasó por Almería hace ahora una década para participar en Los límites del control, de Jim Jarmusch, con quien ya había trabajado en Coffee and cigarettes y Flores rotas.

Algunos suertudos lo vieron por aquí, como el músico y cortometrajista Francis Aguilar, quien se lo encontró en la Avenida del Mediterráneo. También se dejó asomar por los restaurantes La Tagliatella y Casa Sevilla.

En Barajas, en la cola de la puerta de embarque para el vuelo a Almería, dio con él Tote de Simón, quien puede presumir de esta foto, tomada en marzo de 2008, que comparte con este blog. “Me sorprendió que no fuera de incógnito (no llevaba gafas de sol ni gorra) y que nadie lo reconociera. Era bastante alto y estaba leyendo un periódico. No le hizo mucha gracia que quisiera hacerme una foto con él y estuvo todo el rato muy serio. Pero al despedirme me hizo el mismo gesto que hace en el póster de El pelotón chiflado“, recuerda.

Puro estilo Murray.

TOTE

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