La Voz de Almería

Los libros que me cambiaron en 2017

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No son todos los libros que he leído en 2017. Algunos no son ni de lejos novedades editoriales. La mayoría ni los he leído por trabajo, ni tienen nada que ver con Almería. Pero todos, todos, dejaron un poso en mí. Me cambiaron por dentro. Poco o mucho. Pusieron mis principios patas arriba. Me hicieron dudar hasta de lo que consideraba verdades absolutas. Simplemente porque no las hay. Me brindaron la compañía de la vida. Me proporcionaron un calor casi humano. Me permitieron compartir impresiones, que es lo bonito de esto. Y me gusta pensar que me hicieron mejor.

De nuevo tarde, y de nuevo más larga de lo aconsejable, he aquí la no-lista de mis mejores lecturas del año pasado (por orden cronológico):

Medio centenar de heterodoxos y malditos alcanzan la gloria hasta ahora negada en Vidas de santos, una recopilación de perfiles o “biografías urgentes” -según su prologuista, Raúl Pozo-, obra de Antonio Lucas -uno de los periodistas culturales que mejor escribe de este país (también es un gran poeta)- y publicada por Círculo de Tiza. Del singular cantaor Manuel Agujetas a la librera y editora Sylvia Beach, que publicó el Ulises de Joyce y reunió a la Generación perdida en Shakespeare & Co, en París, pasando por Gerda Taro, la primera mujer que hizo fotos desde un frente de guerra y que se vio eclipsada por el que fue su compañero, Robert Capa. En los personajes que conoces, descubrirás nuevas y fascinantes aristas; en los que no, admirarás su arrojo para vivir a contracorriente. Sin miedo.

El protegido (Malpaso) es una novela negra, negrísima impecablemente escrita por Pablo Aranda, autor que visitó la pasada primavera la Feria del Libro de El Ejido. Ambientada en Torremolinos y Málaga, refleja los bajos fondos de la Costa del Sol. Funciona como un reloj, engancha como una droga de diseño y es muy cinematográfica. En ella, la intriga se conjuga con una parte más intimista que tiene que ver con Jaime, un oficinista de vida gris que emprende el camino menos previsible al ser puesto contra las cuerdas.

Si a lo poético y conceptual de El árbol de la vida de Terrence Malick le pones una pizca de una historia luminosa y familiar tipo la fantástica serie de la NBC This is us, te sale Hijo (La Bella Varsovia), de Raúl Quinto. 31 reflexiones o anotaciones sobre la paternidad y la vida escritas en prosa poética desde la urgencia del torbellino de sentimientos que provocó en el escritor el nacimiento de su primer hijo. El libro ha resultado finalista del Premio ‘El Ojo Crítico’ de Narrativa 2017 concedido por el programa cultural de RNE.

En una feria del libro es del todo imposible leer a todos los autores que vienen, de modo que en la de Almería opté por los tres a los que más ganas tenía y que más interesantes me parecían. El primero es Sergio del Molino, uno de los escritores del momento, y su ensayo La España vacía (Turner). Considerado el título del año 2016 para la prensa y para el Gremio de Libreros de Madrid, ha llegado a más de 100.000 lectores. Pocas cosas puedo decir sobre este volumen que no se hayan dicho ya: que logra que queme el despoblamiento del interior de nuestro país a pesar de no formar parte de ninguna agenda política y apenas inquietar a unos pocos. Que disecciona con lucidez las causas y consecuencias de este terrible problema y repasa cómo el cine y la literatura han abordado el asunto. Que alerta de la inminente desaparición de la tradición rural del mundo del arte y nos devuelve a las raíces y a la infancia, a las historias de nuestros abuelos y padres para dejarnos una sensación de tristeza y vacío difícil de llenar.

Ernesto Pérez Zúñiga fue mi gran descubrimiento de la Feria del Libro de Almería. Su novela No cantaremos en tierra de extraños (Galaxia Gutenberg) cuenta el regreso a la España de la posguerra de dos derrotados. Derrotados en su propio país, donde han sido olvidados por su misma familia. Y derrotados en Francia, a pesar de haber combatido a los nazis con La Nueve. Narrada en clave de western, no es una obra más sobre guerra y posguerra. Está plagada de referencias a libros y películas, perfectamente documentada y escrita mejor que la mayoría. En un tono heredado de lo mejor de la tradición literaria española.

Mi aproximación a las aventuras de Los Cinco de Enid Blyton ha sido a través de los Los Cinco y yo (Tusquets), la última novela de Antonio Orejudo. O eso pensaba hasta que justo cuando lo terminaba, descubrí uno de los libros de la saga con mi nombre y la fecha entre las cajas de la mudanza de mis padres (los milagros de la literatura). Contada con la prosa deslumbrante y divertida marca de la casa de este narrador que imparte clases en la Universidad de Almería, es una forma de rendir cuentas con su propia generación, la nacida en el baby boom, que a su juicio no ha sido “valiente en casi nada”. Y lo hace contándonos qué ha sido de los personajes de Los Cinco y de sus coetáneos en un relato con guiños autobiográficos y alusiones que proponen un juego entre la realidad y la ficción.

El libro de viajes adquiere una nueva dimensión cuando el territorio transitado se observa a través de los ojos de un poeta que no sale de su asombro. Y justo ahí radica la magia de América (Círculo de Tiza) de Manuel Vilas, que vive a caballo entre Madrid y Iowa City. Un cuaderno de bitácora por las contradicciones de una país inabarcable, Estados Unidos, con sus moteles de carretera abandonados en medio de ninguna parte y sus ciudades superpobladas, con su apego a las armas y a todo lo excesivo -no hay mejor ejemplo que su presidente, Donald Trump- y sus universidades, que cuidan como nadie el talento propio y ajeno.

El único libro de relatos que ha entrado en la lista -quizá porque aún no he terminado Manual para mujeres de limpieza de Lucia Berlin-, es Las flores suicidas (Talentura), de Juan Herrezuelo. Cinco cuentos que giran en torno a la idea de fragilidad escritos de forma exquisita por un autor que domina el género. Apocalipsis individuales, colectivos y globales y mucho drama cotidiano, de esos que nos tocan de cerca, y giros del todo inesperados -como cualquier buen relato que se precie- que dejarán al lector al borde del paroxismo.

De las Las islas vertebradas (Playa de Ákaba), de Juan Manuel Gil, lo he escrito todo. O casi. Podría recordar que tiene algo de thriller psicológico, de género fantástico y de negro. Podría rescatar alguno de los muchos titulares que me dejó su autor, que asegura que la novela es “un atlas sobre vidas remotas, sobre la soledad y la culpa”. Podría hablaros de su protagonista, Martín, al que odio y del que me compadezco a partes iguales. Pero, como me cansa repetirme, solo diré que lo mejor de este libro es que me hizo sentir sudores fríos cuando su personaje principal se desvanecía. Un calor asfixiante -a pesar de que lo leí pegada al aire acondicionado- cuando viajaba por esa isla del demonio. Y una angustia irrefrenable cuando tomaba el camino fácil, era egoísta y se dejaba llevar por el lado oscuro de la vida.

Llegados a este punto, tengo que hablaros de lo que he convenido llamar la Trilogía de la duda. Y la llamo así porque los siguientes tres libros me han incomodado especialmente. Se han metido en lo más profundo y, cuando menos lo esperaba, me han asaltado con preguntas violentas. Han logrado que inconscientemente hasta trate de comprender un poco a personajes que o directamente son despreciables, o tienen un modo de vida con el que no me identifico.

Empezaré por Lolita (Anagrama), de Vladimir Nabokov. Mi título favorito de este año (y uno de los favoritos de todos los años), el que más me ha removido. Sí, claro que había visto la película de Kubrick. No, no voy a contaros que el profesor Humbert Humbert me ha engañado. Ni un poquito, vamos. Es deplorable y absolutamente terrorífico. Un monstruo. Pero sí reconoceré que a lo largo de las casi 400 páginas a veces me sorprendía creyendo en la candidez de su amor (recordemos que la historia está narrada por él, un manipulador de manual) y me reprendía por ello. Y pienso que esa es precisamente la grandeza de esta obra maestra de la literatura. Además, cuando un libro de verdad me llega, me da por investigar sobre él y su autor y descubrí que Nabokov reanudaba enérgicamente la escritura de Lolita cuando volvía de cazar mariposas con su mujer. ¿No es maravilloso? Mi pasaje favorito está al final: tras visitar a la joven por última vez, Humbert escucha los ecos de la ciudad desde un hermoso valle vacío. Luego se despide de ella, al fin como el padre que nunca fue (probad a leerlo en voz alta, imposible contener las lágrimas).

Juan Belmonte, matador de toros (Alianza) ha sido mi primera incursión en la obra del periodista Manuel Chaves Nogales (lo sé, no tengo perdón). Y he aquí la vida de un torero tan poco convencional que viajaba con baúles repletos de libros y era poco dado al folclore, un hombre de pocas palabras. Nacido en la sevillana calle Ancha de la Feria, curtido toreando de noche, casi a oscuras, en los cercados donde se colaba, todos los que deberían haber sido los vicios que lo incapacitasen para el oficio se convirtieron en virtud. La virtud de un matador que apenas se movía en la plaza y que creó un estilo propio desafiando a su muerte, tantas veces profetizada. No sé si por la fascinante personalidad de Belmonte, o por la sublime narración que hace Nogales en forma de memorias, pero esta antitaurina se bebió el libro de una vez y sin resaca.

Cierro esta Trilogía de la duda con Patria (Tusquets) de Fernando Aramburu, un superventas con innumerables premios como el Nacional de la Crítica 2017 y el Nacional de Narrativa 2017. A mi juicio, lo más valioso del libro es que permite entender hasta dónde llegó el delirio de ETA a ras de suelo, es decir, entre la gente anónima. No es un libro político, y lo agradezco, es el relato de cómo afecta el conflicto a dos familias del Euskadi rural. De cómo ser joven en ciertos entornos significaba estar atrapado en la izquierda abertzale. De cómo tener un novio que no hablase euskera podía suponer un problema. De cómo una sociedad te podía dar la espalda a pesar de ser una víctima, precisamente porque lo eras. ¿Lo mejor? Al ponerte en el lugar de cada uno, es más fácil comprender y menos difícil perdonar.

La desesperación de los simios y otras bagatelas (Expediciones Polares), de Françoise Hardy, ha entrado en esta lista -ay no, quedamos en que era una anti-lista- por los pelos. Confieso que me acerqué a estas memorias por lo mucho que me atrae la cantante francesa icono de los 60 gracias a Tous les garçons et les filles y porque la edición es súper bonita. Y confieso también que por momentos se me hizo algo pesada. Sin embargo, no me arrepiento de haberla leído porque aparte de ser el testimonio de una mujer valiente que no ha tenido una vida fácil a pesar del éxito -o tal vez a causa del éxito-, cuenta con unos secundarios de lujo: Bob Dylan, Serge Gainsbourg y Michel Houellebecq, entre otros muchos.

¿Puede la pequeña historia de una familia de Newark reflejar a una sociedad entera? Si el que la cuenta es Philip Roth, puede. Pastoral americana (Penguin Random House) es una de esas novelas que todo el mundo debe leer al menos una vez en la vida. El Sueco Levov encarna a la perfección el sueño americano: joven atleta de origen judío, tercera generación de emigrantes que han levantado de la nada un próspero negocio de confección de guantes de señora, casado con una ex Miss New Jersey y destinado a hacer grandes cosas. Hasta que el movimiento por los derechos civiles de los negros y las protestas violentas a la guerra de Vietnam pulverizan el futuro de su familia. Se trata de un magnífico retrato de la sociedad estadounidense y una llamada de atención: cuando las cosas se tuercen, nadie está a salvo del fracaso.

Camille Bordas, novelista francesa de ascendencia almeriense, acaba de publicar Cómo comportarse en la multitud (Malpaso), una obra bastante luminosa que cuenta el día a día de una peculiar familia, los Mazal, y en especial del menor de los seis hijos, un adolescente rodeado de hermanos con grandes inquietudes intelectuales que parece no encontrar su sitio. Hasta que un hecho traumático reconfigura su papel en casa. Lo que más me ha gustado de este libro es que, por un lado, se trata de un canto a la adolescencia: porque Isidore busca su lugar en casa y, a la vez, su lugar en el mundo de un modo muy naíf y sin dramatismos aunque en ocasiones se enfrenta a situaciones realmente tristes y dolorosas. Y, por otro lado, me han divertido las rarezas de esta familia tan erudita.

Mi última recomendación de 2017 llegó a mis manos de un modo accidental: el olvido en casa de Rendición de Ray Loriga me hizo refugiarme en La peste (Seix Barral), de Albert Camus, que me esperaba hace tiempo en la biblioteca de mi padre. Otra novela fundamental de la literatura del siglo XX que narra la reacción de un grupo de hombres a la llegada de la epidemia a Orán en los años 40. Es una obra dura en la que el lector presenciará escenas que habría preferido evitar, pero al mismo tiempo asistirá a gestos de humanidad que constituyen auténticas proezas. Aunque no hay remedio médico, ni divino, que pueda detener a la fatalidad cuando se cierne sobre nosotros.

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