La Voz de Almería

De Sylvia Plath a Dai Wangshu, no hace falta entender una lengua para amar la poesía

Participantes en Poesía Bífida, junto a la profesora Isabel Giménez Caro. JUAN ANTONIO RUBIO

Estoy sonrojada y cálida. I am flushed and warm. Creo que puedo ser enorme. I think I may be enormous. Soy tan estúpidamente feliz. I am so stupidly happy. Con mis botas altas. My Wellingtons. Chista que te chista por el rojo bello. Squelching and squelching through the beatiful red.

Leer este extracto del poe­ma Carta de noviembre de Sylvia Plath. Leerlo en español y luego en inglés. O al revés. Pero hacerlo despacio. Dejando que sean los versos los que impongan su propio ritmo. Abandonándote a su cadencia. Recreándote en la belleza fonética de una lengua que no es la tuya y que, la entiendas o no, no puede sonar más perfecta.

Es la propuesta de Poesía Bífida, el recital políglota con el que la Universidad de Almería (UAL) celebra desde hace unos años el Día Internacional de la Poesía cada 21 de marzo. Una idea que nació del impulso creativo de Ana Santos, de El Gaviero Ediciones, y la profesora Isabel Giménez Caro y que, desde el fallecimiento de la editora, hace este mes tres años, se ha convertido en un forma de recordarla. De reivindicar su legado.

“Va por ti, Ana”, exclamó ayer Giménez Caro en la Sala de Grados del Aulario IV del campus antes de explicar cómo la actividad ha evolucionado de forma natural hasta integrarse en la programación de la Facultad de Poesía José Ángel Valente. Y antes de dar paso a los alumnos, profesores y gentes de la cultura que recitaron poemas en su lengua original (chino, francés, inglés, español, gallego, búlgaro, árabe, rumano, bereber, neerlandés o italiano) y luego traducidos al español.

Apollinaire traducido por Octavio Paz, Dai Wangshu traducido por Baltasar Fernández, Walt Whitman traducido por Borges o Leopardi traducido por Juan Ramón Jiménez. Los cuatro sonaron ayer en la UAL en francés, chino, inglés e italiano y después en español. Porque Poe­sía Bífida persigue ensalzar la importancia de la traducción tal y como hace la Facultad Valente que, desde su puesta en marcha el curso pasado, ha contado con dos traductores de renombre: Ramón Buenaventura y, hace unos días, Antonio Rivera Taravillo. De hecho, la mano invisible de ambos estuvo presente a través de sus traducciones de Sylvia Plath y Anne Bradstreet.

Estudiantes Erasmus, del Centro de Lenguas de la UAL y de los grados de letras, profesores, poetas como Aníbal García, autores del catálogo de El Gaviero como Antonio García y Germán Guirado, amigos de Ana Santos como Ángel Arqueros y la antigua delegada de Cultura, Yolanda Callejón, y periodistas como Ruth Becerro se sumaron a esta fiesta que dio la bienvenida a la primavera con un soplo de versos y de juventud. De talento y de todo por hacer. De entusiasmo y de sensibilidad.

La próxima cita con la Facultad Valente será el 24 de abril con la poeta barcelonesa Ana Gorría, que llevará a cabo una lectura en el Museo de la Guitarra, espacio de los recitales en el centro que también se enmarcan en el ciclo literario que organiza la UAL.

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