La Voz de Almería

Conversación con Carlos Díaz Domínguez

Cuando empecé a trabajar en un periódico local -en LA VOZ-, sentí cierta angustia al pensar que los temas relacionados con la cultura de Almería serían finitos y acabarían agotándose. La visión que se puede tener desde fuera es que en esta tierra no pasan tantas cosas ni existe un auténtico tejido vinculado a este ámbito. Eso por no mencionar la famosa frase de “Almería es un páramo cultural”, a la que le declaré la guerra hace tiempo.

Casi ocho años después de mi llegada a la sección de Vivir -en la que tratamos temas de cultura y sociedad-, me doy cuenta de que las historias son inagotables. Tal vez porque la mayoría de las personas tienen una o varias que contar. O quizá porque tenemos la suerte de no sólo poder contar historias de almerienses, sino también de aquellos que simplemente han pasado por aquí o han sentido alguna vez el influjo de luz y salitre que desprende esta maravillosa provincia.

Un ejemplo. Hace unas semanas escuché en La Script -programa sobre cine de la Cadena SER-, que durante el supuesto rapto que inspiró el falso documental El secuestro de Michel Houellebecq -el 28 de noviembre podrá verse en el Teatro Apolo gracias al Cine Club-, el escritor francés estaba incomunicado simplemente porque se le había estropeado el teléfono de su casa de Almería. Es decir, probablemente el autor vivo más importante del país galo busca refugio en nuestra tierra -para este tipo de personalidades parte de su encanto reside precisamente en perderse del mundo- y a la prensa francesa le da por especular con que puede estar en manos de Al Qaeda. No en vano, ha sido tachado de islamófobo por su novela Plataforma. Pues bien, esta retorcida historia de Houellebecq en la que aparece de forma tangencial la provincia ya me podría dar para un artículo. El hecho de que tenga una casa aquí y su reciente visita a Antas de la mano de la Asociación Argaria ya han dado para varios.

Pero hoy no os quiero hablar del autor de El mapa y el territorio, sino de otro escritor enamorado de Almería que viene a perderse en su paisaje siempre que puede. Me refiero a Carlos Díaz Domínguez. Este madrileño nacido en 1959 lleva toda su vida íntimamente ligado a Carboneras. Se inició en el mundo de las letras de la mano de un sello de la tierra, Arráez Editores, y también ha participado en la colección Narradores Almerienses que esta editorial, LA VOZ y Cosentino lanzaron hace una década.

Carlos Díaz

Su gran salto literario se produjo en el año 2011, cuando fichó por Ediciones B para publicar Tres colores en Carinhall, una novela ambientada en la Segunda Guerra Mundial que tuve la suerte de leer en su día y que me enganchó desde el primer momento. Después llegarían Lágrimas sobre Gibraltar y la reciente A las ocho en el Novelty, que están funcionando muy bien en España y en México.

PortadaAlasOchoenelNovelty

La fórmula del éxito de Díaz Domínguez es tan sencilla como infalible. Su verdadero mérito está en lograr la combinación exacta de todos los ingredientes para que todo fluya. Sus novelas históricas alternan la realidad más exacta -que él mismo se encarga de investigar y documentar- con la ficción. Le fascina el espionaje, que suele aparecer de una u otra forma en sus tramas. Y sus historias normalmente están protagonizadas por heroínas. A veces, incluso se permite hacer un guiño a la Almería de su corazón.

Como no hay nadie mejor para hablar de un libro que el que lo escribe, para despedirme reproduzco la entrevista completa que hice a Carlos hace unas semanas con motivo de la publicación de A las ocho en el Novelty. No ha aparecido de forma íntegra en ningún sitio, así que sois unos suertudos.

Dos años después de Lágrimas sobre Gibraltar, publicas un nuevo libro, A las ocho en el Novelty. Otra novela histórica avalada por Ediciones B. A juzgar por lo difícil que está el mundo de la literatura en el que ahora predominan las obras de autoedición, ¿se podría decir que Carlos Díaz Domínguez ya es un autor consagrado?
Jamás me lo consideraré. La literatura es un viaje en el que tienes que disfrutar del propio recorrido y donde tienes que ir aprendiendo, y eso es lo que hago yo, aprender con cada libro, con cada nueva historia que creo, con cada personaje, intentando siempre mejorar.

El título hace referencia al café más antiguo de Salamanca. ¿Qué papel juega éste en la trama? ¿Tuviste claro el título desde el principio?
Sí lo tuve claro, pero otro título totalmente distinto al que ha resultado. Cuando lo terminé entendí que la verdadera esencia de la trama es la relación entre dos personas, la cual se cimentó en el centenario café salmantino, un lugar de referencia, una meta para las pequeñas e íntimas historias de una pareja.

Esta vez te centras en la historia de España para volver a construir una historia de intriga. ¿Qué suceso fue el que te sedujo para que decidieras ambientar la novela en este periodo?
Quería escribir algo relacionado con la Guerra de la Independencia y cuando comencé a investigar me encontré con la figura de Manuel Godoy, por quien me sentí fascinado en todos los aspectos. Por su vida, por su carrera política, por sus amores, por sus relaciones con los reyes (fue el amante de la Reina María Luisa de Parma, esposa de Carlos IV), por su exilio e incluso por su vejez.

¿Cómo fue la fase de documentación?
Fascinante, como siempre. Mi formación académica es de Ciencias, por lo que la historia es algo que ha entrado en mi vida en una etapa ya tardía. La documentación me permite no solo profundizar en hechos que antes conocía ligeramente sino que me ayuda a construir el propio guión de la trama. Leo y estudio con dos hojas al lado. En una apunto lo más relevante del libro que tengo entre manos; en la otra apunto aquello que se me ocurre que puede acoplarse al guión. Sin documentación, realmente no hay inspiración. Siempre que ha venido esta última me ha pillado con un libro en la mano.

El espionaje es uno de los temas recurrentes de tu obra. ¿Qué tiene que tanto te atrae?
Sí, me atrae mucho. De hecho, pertenezco al Club 004, la Asociación Española de Escritores de Espionaje y Servicios Secretos. Esa capacidad de mimetizarse con el entorno, de luchar por un ideal, de analizar al rival desde lo más alto de la inteligencia son temas fascinantes en las relaciones humanas y la literatura de espionaje lo refleja. En A las ocho en el Novelty tendremos espías. Por supuesto, no vamos a decir cuántos ni a favor de qué país, pero el espionaje y sus métodos estarán presentes en la trama.

Háblame un poco más de la anticuaria Leonor Cortés. ¿Estamos ante una nueva heroína del universo de Carlos Díaz?
Leonor no es heroína de nada. El destino la llevó a vivir en Francia y a dedicarse a las antigüedades. Lleva una vida lineal, holgada y consagrada a su trabajo, y se siente relativamente a gusto con esa situación. Pero un día alguien entra en su tienda y le hace un encargo. Leonor tiene la mala suerte de atenderlo a la perfección y servir lo que se le pide. A partir de ahí empezará a vivir una pesadilla que la llevará… al Novelty.

¿Se cuela de nuevo Almería en las páginas de este libro?
Mis lectores almerienses me van a matar, pero no, Almería no aparece en A las ocho en el Novelty. Sí se coló este verano, y de pleno, en uno de los cuentos de la Alcazaba que publicó LA VOZ, En noches de luna llena, que por cierto disfruté mucho escribiendo.

¿Qué acogida está teniendo A las ocho en el Novelty?
Magníficamente bien. Ya ha sido reseñado por varios blogs literarios con una opiniones excelentes. Además, y lo que más me llama la atención, se lo leen muy rápido, y eso que son 452 páginas. Esa siempre es la mejor noticia que le pueden dar a un autor, que le digan eso de “lo he devorado”.

¿Barajas la posibilidad de presentar el libro en Almería?
Es un tema que tiene que concretar Ediciones B. No tenemos previsto presentación en un primer momento pero no descarto aparecer por la tierra que tanto me gusta y que visito siempre que puedo.

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  1. Saludos!!
    Interesante artículo, y reconozco que aún no he leído nada de Carlos Díaz, (mea culpa), y es algo a lo que pienso poner remedio muy pronto. Has conseguido despertarme el gusanillo…
    😉

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