La Voz de Almería

Intrahistoria de una entrevista con Chirbes

Es el historiador de nuestro tiempo. Según el jurado del Premio Nacional de la Crítica –galardón que ya ha recibido en dos ocasiones-, Rafael Chirbes (Valencia, 1949) ha sabido retratar la realidad social de este país como en su día Víctor Hugo reflejó la de París y Charles Dickens la de Londres. Ahí es nada.

Para aquellos que no hayan leído su obra, valga como ejemplo la serie de Canal Plus Crematorio -a mi juicio una de las mejores que se han hecho en España en los últimos años-, con Pepe Sancho como protagonista y basada en su novela homónima. En la misma refleja como nadie la España de la crisis, la burbuja inmobiliaria y la corrupción política.

Si hay un adjetivo que me sugiriera el autor valenciano antes de tratar con él es el de escritor íntegro. Pero su reciente visita a Almería y Vera para presentar su última novela, En la orilla –publicada por Anagrama y elegida como mejor libro de 2013– me ha desvelado una nueva dimensión de su personalidad.

Chirbes

Uno de los más aspectos más interesantes del periodismo es que te brinda la posibilidad de acercarte a personas tan fascinantes como Chirbes. Gente que, de otro modo, resultaría prácticamente inaccesible. Los que nos dedicamos a esto sabemos que la entrevista es un género que produce ciertas alergias. Y más entre personajes, en teoría, célebres. Pues bien, el autor de La caída de Madrid, lejos de padecer este rechazo, se mostró dispuesto a sentarse frente el ordenador y contestar por escrito a mis preguntas. Una generosa oferta que cobra si cabe más valor si se tiene en cuenta lo valioso que es su tiempo.

La intrahistoria de esta entrevista no quedó ahí. Rafael Chirbes me envió un primer e-mail en el que olvidó adjuntar el documento con sus respuestas. Eran las 23.15 horas. Aproximadamente treinta minutos después, me di cuenta y se lo advertí con el miedo de que ya hubiera apagado el ordenador. Al día siguiente temprano salía de viaje y probablemente no volvería a encenderlo. A las 0.53 recibí un nuevo correo ya con el cuestionario. En el mismo, el Premio Nacional de la Crítica me pedía que le confirmase que me había llegado y me sorprendía con el siguiente texto: “Ahí va la entrevista (veo que me he saltado una pregunta: nadie es perfecto), espero que le parezca bien; si no, póngase una papelera cerca y afine la puntería. Gracias por su atención. Un saludo afectuoso, Rafael”. Genio y figura.

Efectivamente, Chirbes olvidó contestarme a una pregunta (que no era incómoda ni mucho menos). Sin embargo, en las que sí lo hizo dejó constancia de la integridad que yo le atribuía y también de otras cosas. Sus respuestas hablan de su compromiso social, de su modestia, de la aportación de su obra a la literatura en general, de sus lecturas más íntimas y de cómo influye en la vida de una novela ganar un importante galardón. En este enlace podéis leerla.

La moraleja del asunto es que, una vez más, un grande hizo gala de su sencillez. No os engañéis. Los altivos y esos a los que no les gusta responder a las preguntas de un periodista normalmente tienen algo que esconder. Antonio López, José Sacristán, Ernest Borgnine, Geraldine Chaplin, Rosa María Calaf y Rafael Chirbes, entre otros muchos, practican como filosofía de vida la llaneza y la afabilidad.

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